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SEGUNDA PARTE- CAPITULO 8 "INDONESIA Y LA VUELTA" (anteúltimo capitulo)

  • Foto del escritor: magaymillennial
    magaymillennial
  • 3 may 2021
  • 2 Min. de lectura

Envuelta en un caluroso aire feroz repleto de monos selváticos y mosquitos del tamaño de mi ilusión, dejé las zapatillas y la bufanda que me había comprado en el invierno chino en aquel aeropuerto indonesio. Era una paradoja, como sentía que era toda mi vida.


Automáticamente me desplomé en una liviandad, una sencillez e iluminismo mental resolutivo ante cualquier acertijo personal como si fuese el momento “escalofriantemente” exacto en que una pluma roza la piel. Vibré todo eso. Sentí estar como en casa, pero esta vez, en ojotas en una isla soñada. Pensé en la importancia del contexto que una habita y lo fundamental para la expansión personal. Más claro, imposible.


Estaba haciéndome cargo de mi.


Ante tanta claridad, pude visualizar mi vida de ahí a unos años más, cosa totalmente paradójica porque me había pasado para el otro lado de los Excel. No hacia cálculos ante nada. Dejaba que el caos se apodere de mi en todo sentido. ¿Planes? No planes. Sonrisa en la cara cada vez que me repetía ese cassette.


Viajé a una pequeñísima isla que me hizo tan feliz que postergué todo el recorrido que había pensado. Preferí hacer ese trueque en honor a mi libertad ante el poder de cualquier decisión en pos de mi felicidad. La mayor borrachera, la primera experiencia de buceo, el mayor miedo a morir que tuve, la conexión con una persona que organizábamos ver el atardecer con un vaso de hongos exprimidos durante una semana entera. ¿Cuántas cosas pueden pasar en la vida de una persona en un par de días?

________


Suena la alarma y me doy cuenta que en la cama de abajo, mi compañera inglesa de la habitación, estaba acostada con un chico.Todos los códigos rotos. La fragilidad y el poder de las palabras desecho ante los besos de un amor de isla tropical. Está bien, es justo.


La postergo 15 minutos. Abro los ojos después de haber atravesado una noche que me trazó un posible futuro atractivo. No lo anulé, no me asusto la gota de planificación que desprendían esas imágenes borradas. Al contrario, reflexioné sobre el sueño porque me pareció una pista, una señal a seguir.


Extasiada ante el filo de mi deseo cayéndose de maduro en el sueño, ese deseo que no me animaba a enfrentar conscientemente, recibí un llamado que cambiaría mi vida para siempre de parte de las personas más importantes de mi vida.


Decido volver a la ciudad que me vio nacer. Sin más. Sin mucha auto-explicación. Decisión sentida en el cuerpo, en la mente y en el alma. Y yo, que aprendí a escucharme, me escuché.

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En menos de dos semanas, logré organizar (o mejor dicho, desorganizar) la vida que tenía armada, el trabajo conseguido y amado, el entorno que tendrá retorno en otro punto del planeta. Yo sentía que el juego de vivir en ese lado del mundo estaba llegando a su fin. Y me sentía más feliz que nunca. Era un colmo.

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1 de febrero. “Destino: Buenos Aires. Salida 17 hs” decía la pantalla del aeropuerto.

 
 
 

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