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PARTE 2- CAPITULO 7 "CHINA"

  • Foto del escritor: magaymillennial
    magaymillennial
  • 21 abr 2021
  • 2 Min. de lectura

“Bienvenidos a China” decía el primer cartel cuando pise el aeropuerto. En chino mandarín, claro.


Esta vez fui (casi) más armada para la aventura: tenía un celular activo y el transfer de un hostel que estaba esperándome, pero no estaba preparada para semejante frío. El mayor frío de mi vida. Cargaba solo 7 kg porque parte de mi aventura, era (y es) viajar eligiendo estar liviana (e intento que sea en doble sentido). Me compré una balanza para reafirmarlo cada vez que me tentaba con alguna compra de esas que solo se usan en el país que se transita y listo aunque me compré un buen gorro y una bufanda para sobrevivir en China.


Sentí ficción en mi vida. La realidad estaba siendo totalmente superada. Increíblemente visité una ciudad antigua como Beijing y su estruendosa Muralla China un silencioso jueves 6 AM totalmente llena de almas vacías de cuerpo. Mucha historia para respirar con tan solo ver paisaje. El lugar del mapa, una vez más, estaba haciéndose cargo de mí. Me estaba transformando cada célula. Observar en detalle la pasta de arroz sostener las piedras apiladas y formar un camino inmenso que dividía territorios, luchas, trabajos, pensares. Estaba en la Gran Muralla China.


Mi deseo siempre era (y sigue siendo) ir a los lugares donde comenzó todo. A los puntos raíces del mundo. Donde la sabiduría se originó. De la filosofía de vida india, budista e hinduísta, me coloqué en los pensamientos confucionistas, taoístas, entre otros. “Estoy acá y llegué con mi propio cuerpo. Nadie me lo está contando”, decía mi voz mental interior.


En esos templos de tantos intelectuales influyentes, estaba satisfaciendo la necesidad de someterme a lo desconocido luego del existencialismo con zapatillas y libros en inglés que cargaba.


Me sentí en pleno reseteo con la fuerza que implicaba pensarme una vez más. Me sentí tan libre que vi, también, el peligro de ese estado.


Idioma nuevo, lugar del planeta poco complementario con todo lo aprendido y mi paladar amigándose con recetas ricas en misteriosos ingredientes: dumplings rellenos de no sé muy bien qué, brochettes de insectos, ramen con fideos de arroz.


En busca de lo desconocido, en contacto con mis brotes abiertos para sembrar lo que quería.


Quería crecer en y con este mundo. Quería que mis días sean manantiales de decisiones que yo sienta dentro mío y haga carne con cada palabra que salga de mi boca, con cada decisión tomada mirando las estrellas.


“Sigo viaje. Indonesia necesito de tu topicalismo incógnito para que comiences a llenar mis pozos”.


Tuve que dejar bufanda y gorro en manos de alguien que todavía sigo sin saber quién es.

 
 
 

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