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PARTE 2- CAPITULO 6 "PIC-NIC CÍCLICO"

  • Foto del escritor: magaymillennial
    magaymillennial
  • 12 abr 2021
  • 2 Min. de lectura

Me instalé en el lugar que había sido feliz.

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Hacía 4 años había vuelto de India y Nepal. A los días de ese retorno me encontraba en la casa de una pareja muy particular. De esas parejas que las ves y transmiten sensaciones de hogar y equilibro. Ella era profesora de ingles, él nunca entendí qué hacia pero ambos tenían una rica huerta, y un gallinero mas grande que la habitación que me rentaban. Ahí era donde la vida me había posicionado. Necesitaba de todo eso.


Estar sola me resultaba hermoso pero sentirme acompañada después de una transformadora osadía asiática, alimento de mi alma en construcción, era la caricia que me encontró y yo buscaba, de alguna manera.


Algo estaba pasando en mi vida. Estaba en otra etapa. Tenía ganas de ser un poco mas sociable y extrovertida, quería dejar de enfocarme en ahorrar tanto. De disfrutar un poco esa hermosa energia citadina y sentar bases.


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Durante estos años bastante asentados y con un norte bien terrícola, trabajé en la cocina del mejor restaurante de la ciudad. Me desafió de la misma manera que aquella decisión de haberlo dejado todo. Aprendí lo que nunca imaginé que podía aprender. Me zambullí en la versatilidad humana, el compañerismo entre inmigrantes, el amor por la idealización al extrañamiento hacia mi país, y, lo mas lindo: la belleza de saber cocinar y aprender a comer.


También…empecé a hacerme cargo de aquella luz que empezaba a apagarse.


Me vi en una vida que busqué, elegí y tuve la fortuna de armar.


Era tiempo de estar movediza, una vez mas. “Estaré fallida o fallada yo?” me decía. Me sentí como con la hora cumplida para volver a desarmar el mantel de un pic nic conmigo misma, y guardar las cosas en la canasta, una vez más.


Empecé a sentir un manto impulsivo de contradicción en loop: ser inmigrante era fabuloso en experiencias pero era agotador tener fechas de vencimiento. Entonces, me preguntaba, cuál es la gracia si me volvía a poner entre redes y cárceles mentales poniendo en jaque toda mi vida básicamente (porque en definitiva eso pasa).


Realmente fueron momentos de un profundo y enceguecedor existencialismo. Y yo, nuevamente le estaba dando la bienvenida a mi vida. La buena noticia era que estaba siendo escuchada.


No veía que la solución radicaba en lo cíclico que resultaba la sensación como de estar arriba y abajo de una escalera al vacío. Que la vida a veces toma una textura rígida y áspera, y otras es bien suave, humectada y jugosa. Empezaba a entender que el ritmo de tocar las texturas de la vida es totalmente personal.


Se aprende a solas porque se está a solas, siempre. La añoranza de volver a donde se fue feliz seguía siendo un incógnita. Lo que sí quería despejar era el gran “que hubiese pasado si…?”.


Con ese “pic-nic” deshecho y con la escucha activa, me atreví a llevarme a pasear por otro paisaje exótico: CHINA me esperaba.

 
 
 

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