¿CÓMO RE-SIGNIFICAR UN RECUERDO-ANCLA?
- magaymillennial

- 30 may 2020
- 3 Min. de lectura
¿Alguna vez te pasó que reconoces tener un ancla en un momento de tu vida, en una persona, en un lugar? ¿Algo que no te permita avanzar en otra cosa porque justamente cumple ese rol de ancla, de amarre devenido en obstáculo?.
Hablemos de recuerdos.
Un recuerdo es como un ancla. Un ancla marca un territorio. Y un territorio es importante porque es transversal para todas las personas ya que, teniendo en cuenta la temporalidad, hay territorios fijos que pueden transformarse en móviles. Y ahí está la cuestión. Son móviles porque vienen al presente en forma de obstáculos que no permiten avanzar si no es superándolos. Me refiero específicamente a un recuerdo-ancla no positivo que tira y afloja como un soga. Lo que me resulta interesante marcar y ponerse a pensar es: ¿cuál es el peso de ese ancla o anclaje, mejor dicho? ¿Cómo se lo puede re-significar a favor nuestro?.
Lección número 2: para que haya retorno de un recuerdo, tiene que haber habido olvido. Un olvido ESENCIAL y CONSTITUTIVO. Si no, nunca llega a ser un recuerdo. Sigue siendo la misma situación en sí, pero intervenida por un factor que es el paso del tiempo. Ya que todo lo que pertenece al pasado, automáticamente se lo denomina recuerdo.
Aquí, yo hablo de ESE recuerdo-ancla. Ese recuerdo que una persona intenta construir (o no) a "partir de". Unos ejemplos bastante sencillos: una relación pasada que no permite avanzar cómodamente relaciones futuras (o presentes); un trabajo pendiente que no puede concluirse porque remite a un "trauma" (entre comillas) en relación a una situación en un trabajo pasado; miedo a nadar porque remite a aquel recuerdo-ancla de la infancia que hizo que una persona no pueda pisar ni un charco de agua.
Instaurando discursivamente ese recuerdo-ancla desde el exterior del mismo, es el método para re-significarlo. ¿Qué quiero decir con esto?. El discurso, las palabras, el lenguaje, siempre son la llave que abren cualquier cerrojo. El retorno al presente del recuerdo-ancla, genuinamente olvidado, debe hacerse desde lo discursivo. Esa soga que tira y afloja comenzará a jugar otro rol. Se va a modificar. Dejará de ser aquello que nos traba o nos "trauma", y dejará de ser un viejo ornamento ya no esencial.
Como siempre, las leyes de un discurso son tan variadas como efectivas. Y no sólo en el plano verbal, aplica para aquello que quisieras comunicar en cualquier formato ya que todos contarán desde un discurso. Los discursos tiene un valor expresivo: poseen modos de circulación de sentido, de valoración, de atribución, de apropiación, tintes culturales, contextuales. La manera en que se articula todo esto, descifra el efecto que produce en la persona que relata, el sujeto, más que el recuerdo-ancla en sí.
Entonces, con todo esto, se trata de quitarle al sujeto su rol originario de "contador" de ese recuerdo-ancla para comenzar a posicionarlo como una función más del discurso. Es decir, el sujeto pasa a ser un ítem más, como los ya mencionados, dentro del discurso. ¿Qué importa quién forma parte del recuerdo-ancla?.
En conclusión, intentando salirse del ancla y de la condición que tiene en cuenta que la persona que lo cuenta fue parte, puede ser una salida efectiva para re-significar aquello que traba. Es decir, intentar ver el recuerdo en sí como un discurso que le es ajeno, desde lejos, olvidado y recordado, puede ser la gran combinación entre llave y cerrojo para liberarse de cualquier elemento que fuese un obstáculo para el disfrute del terreno presente.
Las palabras son más poderosas de lo que se piensa. Y la forma en que una persona se expresa, también.



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